Disculpa, pero Israel no tiene ningún derecho a existir

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Sharmine Narwani @snarwani
17 de mayo, 2012
Excuse Me, But Israel Has No Right To Exist en el blog de Sharmine Narwani Mideast Shuffle
Colectivo Traducción No Tripulada

La expresión “derecho a existir” entró en mi consciencia en la década de los 90, al mismo tiempo que el concepto “solución de 2 Estados” pasaba a formar parte de nuestro vocabulario colectivo. En cualquier debate en la universidad, cuando un sionista se quedaba sin argumentos, esas tres palabras mágicas eran invocadas para cerrar la conversación con un indignado “¿¿estás diciendo que Israel no tiene derecho a existir??”

Y, claro, no podías cuestionar el derecho de Israel a existir – hubiera sido como negar un derecho fundamental judío a tener… derechos. Y te acababan haciendo sentir como si fueras culpable del Holocausto.

Pero, por descontado, el Holocausto no es culpa mía – y tampoco de los palestinos. El sanguinario programa nazi de limpieza étnica de la población judía de Europa ha venido siendo utilizado de manera tan perversa y oportunista para justificar la limpieza étnica de la nación árabe palestina, que ahora me deja completamente indiferente. Incluso me he sorprendido a mí misma alzando la mirada al cielo – ¡oh, no! – cuando oigo “Holocausto” e Israel en la misma frase.

En cambio, lo que no me deja indiferente, de hecho, me deja perpleja, en esta era post-2-Estados, es la osadía de la mera existencia de Israel.

Qué idea tan peculiar esta noción de que una banda de advenedizos de otro continente pudiera apropiarse de una nación previamente poblada y existente – y pudiera convencer a la “comunidad global” de que era moralmente correcto. Tanta desfachatez me haría reír si no fuera tan grave.

Todavía más impúdica es esa masiva limpieza étnica de la población palestina originaria que llevaron a cabo judíos perseguidos, recién llegados de su propia experiencia de limpieza étnica.

Y lo que es ya espeluznante es la manipulación psicológica de las masas en la creencia de que los palestinos de alguna manera son peligrosos “terroristas” decididos a “tirar a los judíos al mar”. Siendo una persona que se gana la vida con las palabras, encuentro intrigante el uso del lenguaje para crear percepciones. Esta práctica – a menudo denominada “Public Diplomacy” (o sea “Comunicación diplomática) se ha convertido en una herramienta indispensable en el mundo de la geopolítica. Las palabras, al fin y al cabo, son los ladrillos que construyen nuestra psicología.

Pienso, por ejemplo, en el modo en el que hemos acabado percibiendo la “disputa” palestino-israelí y cualquiera de las soluciones a este enquistado conflicto. Y aquí generosamente tomo prestado de un artículo mío anterior…

Los Estados Unidos e Israel han fabricado el discurso global sobre este tema, estableciendo rígidos parámetros que cada día reducen más el contenido y las posibles perspectivas del debate. Así, cualquier idea discutida fuera de esos parámetros establecidos se había considerado hasta recientemente, “poco realista”, improductiva si no subversiva.

La participación en el debate también está limitada: sólo a aquellos que suscriban los principales dogmas, a saber: la aceptación de Israel, de su hegemonía regional y de su superioridad militar; la aceptación de la precaria lógica en la que se basa el reclamo de la tierra palestina por el estado judío; y la aceptación de la inclusión y exclusión de determinados partidos, movimientos y gobiernos de la región como interlocutores válidos en la solución del conflicto.

Palabras como paloma, halcón, militante, extremista, moderados, terroristas, Islamofascistas, rechacistas, amenaza existencial, negacionistas del Holocausto, mulás locos, deciden quienes seran los participantes en la “solución”- y los que quedan fulminantemente excluidos.

Además, este lenguaje preserva el “Derecho de Israel a Existir” de manera incuestionable: todo aquello que invoca al Holocausto, al antisemitismo y a los mitos sobre los derechos históricos de los judíos a la tierra legada por El Todopoderoso – como si Dios estuviera en el negocio inmobiliario. Este lenguaje busca impedir toda duda sobre la conexión de los judíos con Palestina, pero sobre todo busca castigar y marginalizar a aquellos que desafíen la legitimidad de este experimento de colonialismo moderno.

Y el caso es que este pensamiento-grupal no nos ha llevado a ninguna parte. Ha confundido, distraído, desviado, esquivado, y minimizado, si, pero no estamos más cerca de una conclusión satisfactoria… Porque la premisa es errónea.

Con ese pensamiento, este es un problema irresoluble. Es el tipo de crisis del que te retiras para reducir las pérdidas, te das cuenta de que estabas equivocado y das un giro de 180 grados. Israel es el problema. Es el último experimento en colonialismo moderno llevado a cabo cuando estos proyectos se estaban desmantelando en el mundo entero.

No hay un conflicto palestino-israelí porque ese término sugiere una igualdad de poder, de medios, de sufrimiento y de capacidad de negociación, y en esta ecuación no hay ninguna simetría. Israel es el Ocupante y el Opresor; los palestinos son los Ocupados y los Oprimidos. ¿Qué hay que negociar? Israel tiene todas las cartas. Pueden devolver algunas tierras, propiedades, derechos, pero incluso eso es absurdo – ¿qué pasa con todo lo demás? ¿Por qué no TODAS las tierras, propiedades y derechos? ¿Por qué pueden quedarse con algo? ¿En qué es diferente el robo de tierras y propiedades antes de 1948 del robo de tierras y propiedades después de una fecha arbitraria como la que proponen de 1967?

¿En qué son los colonizadores anteriores a 1948 diferentes de los colonizadores que se asentaron después de 1967?

Permitidme que me corrija: Los palestinos sí tienen una carta que hace salivar a los israelíes – la única gran exigencia en la mesa de negociación que hace que todas las demás se mantengan en espera – Israel anhela el reconocimiento de su “derecho a existir.”

Pero sí ya existes, ¿no? ¿Israel?

Israel teme la deslegitimación más que cualquier otra cosa. Detrás de la cortina de terciopelo hay un estado construido sobre mitos y narrativas, protegido por un monstruoso ejército, por billones en ayuda de los EEUU y por un solitario veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. No hay nada más, nada que se interponga objetivamente entre ese “Estado” y su desmantelamiento. Sin estas tres cosas, los israelíes no vivirían en una entidad que ha llegado a conocerse como “el lugar menos seguro del mundo para los judíos.”

Quítale las mentiras y la propaganda y rápidamente te das cuenta que Israel no tiene ni lo básico de un estado normal. Después de 66 años, no tiene fronteras. Después de seis décadas, nunca ha estado tan aislado. Más de medio siglo después, todavía necesita un ejército gargantuano sólo para impedir que los palestinos vuelvan a casa.

Israel es un experimento fallido. Está en cuidados intensivos – quítale los tres enchufes y es un cadáver, que sólo vive en las mentes de algunos extranjeros seriamente disociados que pensaron que se saldrían con la suya con el robo del siglo.

Lo más importante que podemos hacer mientras vislumbramos en el horizonte un verdadero Estado palestino es deshacernos rápidamente del viejo lenguaje. De todas maneras no era real – sólo eran códigos para ese “juego” en particular llamado Israel. Cultivemos un nuevo vocabulario de posibilidades – el nuevo estado será el amanecer de la reconciliación de la humanidad. Musulmanes, cristianos y judíos viviendo juntos en Palestina como antaño.

Los detractores pueden irse a paseo. Nuestra paciencia se derrumba más que las paredes de las chabolas que los palestinos hace tres generaciones que llaman “hogar” en los campos de purgatorio.

Estos refugiados universalmente explotados sí que tienen derecho a esos bonitos apartamentos de los asentamientos colonos con piscina y palmerales. Porque el tipo de compensación que se les debe por este fallido experimento occidental nunca será suficiente.

Y no, nadie odia a los judíos. Ese es el último recurso con el que nos martillean los oídos – la gran “ojiva nuclear” que les queda para proteger a este Frankenstein israelí. No voy ni a molestarme en incluir los avisos habituales que probarían que no odio a los judíos. Primero no es un hecho comprobable ni mesurable, y sinceramente, es un falso debate. Si los judíos que no vivieron el Holocausto todavía sienten dolor, que lo resuelvan con los alemanes. Pedid un trozo de tierra bien grande en Alemania – y buena suerte con eso!

Para los antisemitas que estáis salivando por un artículo que vapulea a Israel, probad suerte en otra parte, vosotros sois parte del problema!

Los israelíes que no quieran compartir Palestina con la población palestina originaria en igualdad de derechos – los que no quieran renunciar a lo que exigieron renunciar a los palestinos hace 64 años – pueden coger su segundo pasaporte y volverse a sus casas. Los que se queden que sea con una actitud positiva – los palestinos han demostrado ser un pueblo que perdona. La carnicería que han sufrido a manos de sus opresores – sin responder con proporcionalidad – es muestra de una templanza y fe extraordinarias.

No es tanto la muerte de un estado judío como la desaparición de los últimos vestigios de colonialismo moderno. Es un rito de paso – lo superaremos sin ninguna dificultad. En este particular abismo del siglo XXI, somos todos, universalmente, palestinos – enmendar este error es una prueba de nuestra humanidad colectiva, y nadie tiene derecho a mantenerse al margen.

Israel no tiene ningún derecho a existir. Rompe esa barrera mental, y simplemente, dilo: “Israel no tiene ningún derecho a existir”. Saboréalo, tuitéalo, publícalo en tu estado en Facebook – hazlo antes de que te arrepientas. La Deslegitimación ya está aquí – no tengas miedo. Palestina será menos dolorosa de lo que ha sido Israel.

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